
Esa chica, tan pequeña como una violeta.
Esa chica, a la deriva en el cielo como los pétalos de una flor, me trae a ella con una fuerza mayor que la que ejerce la tierra.
En un solo momento me caí y rodé hacia ella sin rima ni razón como lo hizo la manzana de Newton. Con un golpe.
Con un golpe-golpe.
Mi corazón saltó desde los cielos hasta la tierra en un movimiento pendular vertiginoso.
Tal fue el momento cuando me enamoré por primera vez. -Kim Shim.

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