-Jesus -dijo el policia.
-No, soy Gabe.
Gabe parecía ser todo lo bueno que él tenía: su padre, el secuestrador que empezaba a caerle bien, la única persona que entendía su situación, y sin embargo la misma que lo había metido en ella. Una relación peligrosa.
-Cuanto más escucho mis gracias, más cuenta me doy de que no soy divertido.
-Pero también soy consciente de que soy un cabrón atractivo.
Ambos rompieron a reír.
El tiempo es más precioso que el oro, más precioso que los diamantes, más precioso que el petróleo o cualquier tesoro valioso. Nunca tenemos bastante tiempo, el tiempo desata la guerra en nuestro corazón, así que tenemos que saber gastarlo. El tiempo no se puede envolver ni adornar con un lazo, no se puede dejar bajo el árbol la mañana de Navidad.
El tiempo no se puede regalar. Pero se puede compartir.
Una cosa de gran importancia puede afectar a un pequeño número de personas. De igual modo una cosa de escasa importancia puede afectar a una multitud. Sea como fuere, un suceso -ya sea grande o pequeño- puede afectar a toda una cadena de personas. Los sucesos nos pueden unir. Como veis, todos estamos hechos de lo mismo.
Cuando ocurre algo, se desencadena una reacción en nuestro interior que nos hermana con una situación, con otras personas, iluminándonos y uniéndonos como lucecitas en un árbol de Navidad, enroscadas y retorcidas, pero así y todo conectadas en un cable. Unas se apagan, otras titilan, otras arden con fuerza y brillo y sin embargo todos estamos en la misma ristra.
Lo que a uno le sirve de lección, para otro es un cuento, pero a menudo un cuento puede servir de lección.
No me puedo creer que me esté riendo de mis propios chistes.
No. encuentra una estrella. Porque son jueces del programa BUSCANDO UNA ESTRELLA, y luego Poncio Pilatos canta y todo el mundo lo abuchea y luego Jesús canta y gana porque tiene el factor X.

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